domingo, 15 de novembro de 2015

VIVENCIAS DE HOY EN DÍA

Pocos deportes en mi vida me provocan tantos recuerdos como el ciclismo. A muchos, posiblemente les puede parecer un deporte aburrido, quizá tramposo, sin embargo para mi, guarda un aura que ningún otro deporte tiene. Ya desde muy temprana edad, me sabía los equipos, sus ciclistas y sus victorias, hasta tenía mi equipo de chapas con las fotos de mis ciclistas favoritos. ¿Quién no ha dibujado en su niñez circuitos en la calle para jugar con sus chapas de refrescos, rellenadas de cera su parte interior (para hacerlas más estables) y decoradas con los ciclistas y sus equipaciones?.  En los últimos años de los 50 y hasta casi los 90 era habitual ver a los niños e incluso a adultos tirados en el suelo dibujando un circuito que solían inspirarse en carreras ciclistas para pasar largas tardes de verano jugando con sus chapas que empujábamos con nuestro dedo pulgar y corazón.
Después de hacer muchas carreras de chapas demostrando mis habilidades y romper por las rodillas los pantalones, el siguiente paso fue aprender a andar en bici y así intentar emular las hazañas de mis ídolos.
Gracias al ciclismo supe lo que era el esfuerzo, el sacrificio, la pasión y el sufrimiento, pero también descubrí que el buen trabajo si es en equipo es mejor.
Cuando pensamos en ciclismo pensamos en un pelotón, en una carrera, en una subida a un puerto intentando descolgar a los demás o dándolo todo para no quedarnos descolgados. Esto es lo que imagina cualquier persona que piensa en este deporte, pero los que montamos en bici sabemos lo que hay detrás de todo eso, porque poca gente llega a saber como es el día a día de un ciclista. Da igual que compitas o que dejes el alma los fines de semana con tu peña, tu club o tu grupo de amigos, todos llevamos un sacrificio, más grande o más pequeño, pero un sacrificio al fin y al cabo.
Durante muchos meses nos preparamos en solitario la gran mayoría de los días para llegar lo mejor posible a ese objetivo: esa gran marcha Cicloturista o esa gran Carrera Master, en la que soñamos con darlo todo. Para alcanzar estos objetivos son muchas horas encima  de la bici, con la única compañía del cuentakilómetros, aquellos que vamos por sensaciones, el pulsómetro los que nos regimos por los designios del corazón junto con la cadencia o el Powertap para los más metódicos.
Otros acompañantes habituales en esas muchas horas sobre la bici son: el aire que resbala en nuestras orejas y silba, el perro que nos ladra, ese coche que viene de lejos y nos pita, no sé si es para que sepamos que se acerca o es porque le incordiamos, el hey de ese ciclista que se nos  cruza y que nos saluda levantando la mano, o moviendo la cabeza.
La bicicleta y tú, solos, sin nadie con quien hablar, porque vas solo y es un sueño, nuestro sueño y por más que quieras explicarlo nadie te va a entender, solo pedaleando y saliendo muchas veces en bici se puede llegar a entender.
Si algo he comprobado en todos estos años que llevo practicando ciclismo, es que cuando entrenas por libre, lo más habitual es que siempre repitas los mismos estímulos y la misma carga de entrenamiento. Variando el volumen semanal con salidas más largas a medida que avanza la temporada.
Por eso es que si se quiere mejorar el rendimiento, las salidas con la grupeta son necesarias. Pero es necesario saber diferenciar si lo que buscas es pasarlo bien y disfrutar dando pedales, sin importarte si dentro de un mes vas a estar en mejor o peor forma.
Para estos, están las salidas de parar a tomar el café sin cometer los errores que muy a menudo cometemos y no vemos.
De todos es sabido que uno de los momentos más buenos de las salidas de fin de semana son las paradas a recargar combustible en algún café a mitad del recorrido o bien al terminar. ¿Pero alguna vez hemos pensado en esa familia que esa mañana de domingo, esta desayunando tranquilamente y de repente se vio asaltada por una veintena de ciclistas vociferantes y combativos en sus historias de rampas, pulsaciones, relevos y demarrajes?.
Repasemos los Diez Mandamientos del buen comportamiento en esas paradas:
        I.        No bloqueemos la entrada al local con las bicis o nos quedemos toda la grupeta hablando en la puerta. El resto de la clientela solo quiere desayunar tranquilamente.
     II.        Quitémonos el casco, las gafas y los guantes. Las normas de educación siempre han dicho de quitarse el sombrero al entrar en un local, por lo que con el casco lo mismo. Este punto es delicado pues siempre hay integristas del no quitarse el casco hasta finalizar la etapa por aquello de no notar la desagradable sensación del sudor frío de las almohadillas en nuestra piel relajada tras la parada.
 III.         Bajo ningún concepto pongamos el casco o demás accesorios sudorosos sobre la mesa. Nadie quiere pasar su comida o bebida por nuestro sudor.
    IV.        Tendríamos que preguntar a los camareros antes de arramplar con cinco mesas para dar cabida a todo el grupo o prestar atención cuando  vengan a tomar nota o a servir. Si nos portamos bien la próxima vez puede que recuerden nuestras preferencias y nos llenen los bidones con agua fresquita.

    VI.       Dejemos de usar el móvil y las redes sociales. Lo que toca ahora es disfrutar de los compañeros en vivo y en directo.
 VII.        Tenemos que tener paciencia. Es cierto que llevamos más de 50 kilómetros en las piernas contra el aire, la lluvia, el frio o el calor pero eso al dueño del establecimiento y a sus clientes les da igual.
VIII.        No olvidemos las buenas formas. Las grupetas ciclistas por costumbre tienden a un lenguaje vociferante y lleno de tacos mientras se comentan las incidencias de ese día. No podemos olvidar que somos elegantes tanto sobre la bici como fuera de ella.
   IX.        A la hora de pagar, es difícil hacer cuentas por separado para veinte tíos, así que tratemos de llevar suelto para pagar nuestra parte o mejor que uno invite al resto de sus compañeros… Seguro que te lo agradecen y segurisimo que recibirás más de un inesperado relevo o ayuda en el próximo puerto.  
       X.        No dejemos despojos por donde pasemos. Ni vaciemos toda la basura de los bolsillos de nuestro maillot sobre la mesa. Llevémosla a casa o tirémosla en la papelera del local. Al camarero no le apetece especialmente lidiar con nuestras cáscaras de plátano negruzca o con las babas de los restos de nuestras barritas energéticas.
Estos diez Mandamientos se encierran en este mismo listado en el que  seguramente coincidiremos muchos, a otros seguro les dará la risa. Pero lo más seguro es que todos tengamos más anécdotas de café que tendríamos que comentar.
De pan se alimenta el cuerpo, de respeto el alma. Respetemos a los demás para que ellos nos respeten a nosotros.

Son acciones que no pasan de moda.

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